Los últimos diez días he tenido la suerte de estar en el mar. He visto golfiños, he visto costas desconocidas de playas kilométricas, he bailado olas, he conocido gente maravillosa, ...Y como siempre, he tenido tiempo de sobra para pensar. Además de tonterías (in)trascendentes varias, había una cosa que no lograba sacarme de la cabeza. La estrofa final del poema de Benedetti "El silencio del mar".
"(...)
nunca sabré qué espero de él
ni qué conjuro deja en mis tobillos
pero cuando estos ojos se hartan de baldosas
y esperan entre el llano y las colinas
o en calles que se cierran en más calles
entonces sí me siento náufrago
y sólo el mar puede salvarme"
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